En la década de 1950, Antoni Tapies se consagró como un artista de fama internacional y poco después su obra comenzó a presentar elementos de su identidad personal: Cataluña, las escrituras y los objetos cotidianos. Su obra fue muy política y no tuvo miedo de denunciar la dictadura de Franco a través de sus pinturas. En la década de 1980, comenzó a explorar el orientalismo con énfasis en la conexión entre la naturaleza y la humanidad. Sus últimos trabajos también revelan una preocupación por el universo y la nueva generación de científicos. Artísticamente, Antoni Tàpies ha sido catalogado como un representante de la pintura matérica y el informalismo, pero también estuvo influenciado por el surrealismo y el arte abstracto. Sus pinturas y esculturas se han exhibido en las principales galerías de arte de todo el mundo, como el Museo de Arte Moderno de París. Su legado se conserva a través de la Fundación Antoni Tàpies de Barcelona.