José María Lillo; Cuenca
«Decidir dibujar un árbol a escala real es desafiar el tiempo. El árbol, símbolo universal, es un elemento estrechamente vinculado al desarrollo de nuestra cultura, se convierte en el pretexto idóneo para dar a conocer algunos de los interrogantes que plantea el arte contemporáneo. Dibujar un árbol trata de las similitudes entre la emoción que produce un ejemplar en medio de un bosque y de la emoción que supone trasladarlo al papel en el estudio. De la diferencia de dibujar un ciprés erguido o abatido. De los silencios y los ruidos de las propias imágenes».
Nuestro artista nos ofrece sus experiencias y observaciones en las que la naturaleza ejerce como pretexto para hablar sobre el arte y la gozosa sensación de estar en el mundo.
En los dibujos la elección de la técnica atiende al deseo de conectar idea y obra con los menores intermediarios posibles, con la mano como nexo. Utiliza por tanto el carbón y el papel, sacado de la propia pulpa del árbol y del fuego para restituir su imagen.