Juana Romero
La personalidad se plasma en el dibujo de la misma manera que lo hace el garabato de una firma, actúa como un sismógrafo emocional que revela, con sus leves oscilaciones, las actitudes internas del dibujante. La materia del dibujo nos recuerda acciones íntimas, personales, surgidas del gesto manual en el que podemos reconocer nos, una experiencia que podríamos denominar contemplativa y que requiere de un cierto aquietamiento para percibir su peculiar tempo. En la obra de Eusebio López constatamos algo que ya sabemos: el dibujo ha ido dejando de ser instrumento de reflexión que relaciona una realidad circundante para convertirse en vehículo de expresión de las ideas que rondan la mente del artista. Se materializan en el papel y ya no se refieren a una realidad presente, sino que fluye en un ser humano a través de la recreación de un lenguaje. Sólo una serie de dibujos nos permite adentrarnos en la intimidad del pensamiento del otro, explorar su imaginario, ensoñar sus recuerdos, nombrar las cosas olvidadas.










































